Nadando en una pecera
María Rosa LeónRelatos donde la memoria dialoga con el humor y la pérdida.
Este libro reúne relatos narrados en primera persona que toman recuerdos, escenas cotidianas y situaciones imaginadas para construir historias donde la experiencia personal dialoga con la ficción. La infancia, la familia, la escuela, los afectos, el paso del tiempo y las pequeñas ironías de la vida aparecen una y otra vez desde una voz cercana y cambiante.
El conjunto alterna episodios de humor, nostalgia y emoción sin seguir un recorrido cronológico. Algunos cuentos parten de anécdotas reconocibles; otros imaginan personajes o reinterpretan situaciones con un giro inesperado, siempre sostenidos por una mirada que observa lo cotidiano con curiosidad y sentido del detalle. Esa combinación da unidad a un libro donde cada texto encuentra su propio tono sin perder la voz que los enlaza.
El conjunto alterna episodios de humor, nostalgia y emoción sin seguir un recorrido cronológico. Algunos cuentos parten de anécdotas reconocibles; otros imaginan personajes o reinterpretan situaciones con un giro inesperado, siempre sostenidos por una mirada que observa lo cotidiano con curiosidad y sentido del detalle. Esa combinación da unidad a un libro donde cada texto encuentra su propio tono sin perder la voz que los enlaza.
María Rosa León
Nacida en Junín a mediados del siglo XX, transitó la docencia y la vida entre Buenos Aires y Río Negro hasta echar raíces, en 1991, en Carmen de Patagones, ese umbral mágico donde nace el sur. Allí decidió oficializar su «matrimonio secreto» con la literatura, constituyéndose como escritora y editora independiente para rescatar su obra del olvido.
Escribe por supervivencia vital y por placer, no por oficio. Su proceso creativo oscila entre temporadas de mutismo y una autocrítica feroz que no teme al descarte. Fiel al espíritu de Borges, confiesa que, si bien puede arrepentirse de algunas páginas escritas, jamás se arrepentirá de los libros que ha leído.
Escribe por supervivencia vital y por placer, no por oficio. Su proceso creativo oscila entre temporadas de mutismo y una autocrítica feroz que no teme al descarte. Fiel al espíritu de Borges, confiesa que, si bien puede arrepentirse de algunas páginas escritas, jamás se arrepentirá de los libros que ha leído.
